Alfonso I de Aragón y Navarra “El Batallador”

Alfonso I de Aragón y Navarra “El Batallador”

Hijo de Sancho Ramírez y Doña Felicia de Roucy,Alfonso era hermano de Pedro I el “Cruel”, cuya madre era la primera esposa de Sancho Ramírez, Doña Isabel de Urgel. También fueron hermanos de Alfonso, Don Fernando, muerto antes del año 1094 y Ramiro, que tomó la vía eclesiástica. Se crió en el monasterio de San Pedro de Siresa y recibió estudios de gramática en el monasterio de San Salvador de Pueyo.      Resultado de imagen

Alfonso VII de León

Conflictos en Galicia

Tras la muerte del padre de Alfonso, Raimundo de Borgoña en 1107, y de su abuelo Alfonso VI en 1109, su madre Urraca contrajo un nuevo matrimonio para poder acceder a los tronos del Reino de León y del Reino de Castilla. El elegido resultó ser el rey aragonés Alfonso I el Batallador y provocó el rechazo de amplios sectores de la nobleza.

Entre los contrarios a este enlace matrimonial se destacaron los nobles gallegos, debido a la pérdida del entonces infante de cinco años Alfonso Raimúndez de los derechos al trono del Reino de León y Castilla tras el pacto matrimonial firmado entre Urraca y Alfonso I de Aragón, que estipulaba que los derechos de sucesión pasarían al hijo que pudieran tener. La nobleza gallega encabezada por el obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, y el tutor del infante, Pedro Froilaz, el conde de Traba, se rebelarán y el ayo del joven príncipe proclama a Alfonso Raimúndez con siete años de edad «rey de Galicia» el 17 de septiembre de 1111,4 lo que obligó a Alfonso el Batallador a intervenir para restablecer el orden. Es discutido el sentido de esta proclamación, sin que pueda dilucidarse si se pretendía con ello establecer un reino independiente o no; es más probable que simplemente se tratara de otorgar la categoría de correinante a Alfonso Raimúndez con un grado igual al de su madre.4 La inhábil política de Gelmírez al no facilitar la sumisión de Portugal, cerró el camino para el triunfo de la revuelta, que obtuvo apoyo entre la nobleza gallega, pero que también generó opositores entre los sectores partidarios de Alfonso el Batallador, como ocurrió en Lugo.4El Batallador actuó en Galicia, pues estaba incorporada de derecho a su reino por las capitulaciones matrimoniales, que establecían que el hijo de Alfonso y Urraca podría reinar en la mayoría de los territorios de la España cristiana: Aragón,Pamplona, León y Castilla; a excepción solo del condado de Barcelona y otros condados pirenaicos, como el de Urgel, entre otros.

Alfonso I, finalmente, se dirigió contra los partidarios de Alfonso Raimúndez derrotándolos en Villadangos en octubre o noviembre de 11115 con la ayuda del conde de Portugal, Enrique de Borgoña, tío de Alfonso VII. Con esta victoria el Batallador desbarató el intento político del obispo de Santiago de Compostela y sus partidarios, capturó a Pedro Froilaz (que sería liberado poco después) y debilitó a sus oponentes. Sin embargo, Gelmírez y Alfonso Raimúndez consiguieron huir. La actitud de Urraca I en todo el conflicto es discutida, mientras que la Historia compostelana (que es una fuente parcial, pues se trata de una biografía dedicada a exaltar la política del obispo Gelmírez) señala que Urraca estuvo de acuerdo con la coronación de Alfonso Raimúndez (pese a que ello hubiera supuesto aceptar una corregencia dirigida por Gelmírez y sus colaboradores), existe un documento que manifiesta que el 2 de septiembre de 1111 (solo quince días antes del acto de la proclamación de su hijo como «rey de Galicia») Urraca firmaba en Burgos junto con su esposo Alfonso el Batallador una donación a favor del monasterio de Oña, y en octubre lo hacía del mismo modo en otra suscrita en Briviesca. Ambos documentos fueron redactados por el canónigo de Santiago de Compostela, cuyo cargo lo hace cercano al obispo, por lo que el juego de alianzas políticas dista de ser sencillo.

Rey de León y de Castilla

El 10 de marzo de 1126, tras la muerte de su madre, Alfonso VII fue coronado rey de León en la catedral de León y de inmediato emprendió la reclamación del Reino de Castilla, en el que su padrastro, Alfonso I de Aragón, contaba con importantes guarniciones militares que le aseguraban su dominio. Entre éstas destacan Burgos y Carrión de los Condes, cuya población se decanta por el nuevo rey y en 1127 entregan las plazas a Alfonso VII.

Alfonso el Batallador reacciona y se dirige contra Alfonso VII al frente de un numeroso ejército. Ambos se encuentran en elvalle de Támara. Sin embargo no se produce un enfrentamiento entre los ejércitos debido a que los dos monarcas tienen situaciones más graves a las que hacer frente: Alfonso VII debe atender las veleidades territoriales de su tía Teresa de León y Alfonso I a las amenazas de los almorávides. Se llega entonces a un acuerdo que se plasma en un pacto conocido como las Paces de Támara, en el que se establecen las fronteras entre el reino castellano y el aragonés, volviendo a los límites fijados por Sancho III el Mayor, y se zanjan las disputas entre ellos renunciando el monarca aragonés al título de emperador, título que utilizó el Batallador entre 1109–1114 tras su matrimonio con Urraca I de León, anulado al considerarse que no fue consumado, y debiéndose esperar tres siglos para ver realizada la unión de los reinos hispánicos, aunque ya sin Portugal, en las figuras de los Reyes Católicos.

Se dirige entonces hacia Galicia desde donde se interna en el condado Portucalense, que rige su tía Teresa, y tras arrasarlo vuelve a León para casarse con Berenguela, hija de Ramón Berenguer III en 1128.

Ese mismo año logra que su tía Teresa de León reconociera su soberanía, aunque dicho reconocimiento sería efímero porque el 24 de junio Teresa se ve obligada a huir a Galicia cuando su hijo, Alfonso Enríquez, la derrota en la batalla de San Mamede y que será el origen de la futura independencia del reino portugués.

En 1130 depone a los obispos de León, Salamanca y Oviedo que se habían mostrado opuestos a su matrimonio con Berenguela. Esto provoca el rechazo de parte de la nobleza encabezada por Pedro González de Lara, Bertrán de Risnel yPedro Díaz de Aller que se rebelan contra el monarca y toman Palencia. Alfonso VII acude a la ciudad y restablece el orden apresando a los cabecillas.

 

Primera Cruzada

Gregorio VII fue uno de los papas que más abiertamente apoyó la cruzada contra el islam en la península ibérica6 y quien, a la vista de los éxitos conseguidos, concibió utilizarla en Asia Menor para proteger a Bizancio de las invasiones turcomanas.7

Su sucesor, Urbano II, fue quien la puso en práctica. El llamamiento formal tuvo lugar en el penúltimo día del Concilio de Clermont (Francia), el martes 27 de noviembre de 1095. En una sesión pública extraordinaria celebrada fuera de la catedral, el papa se dirigió a la multitud de religiosos y laicos congregados para comunicarles una noticia muy especial. Haciendo gala de sus dotes de orador, expuso la necesidad de que los cristianos de Occidente se comprometieran a una guerra santa contra los turcos, que estaban ejerciendo violencia sobre los reinos cristianos de Oriente y maltratando a los peregrinos que iban a Jerusalén. Prometió remisión de los pecados para quienes acudieran, una misión a la altura de las exigencias de Dios y una alternativa esperanzadora para la desgraciada y pecaminosa vida terrenal que llevaban. Deberían estar listos para partir al verano siguiente y contarían con la guía divina. La multitud respondió apasionadamente con gritos de Deus le volt (‘¡Dios lo quiere!’) y un gran número de los presentes se arrodillaron ante el papa solicitando su bendición para unirse a la sagrada campaña.8 La Primera Cruzada (1095-1099) había comenzado.

El paso de los cruzados por el Reino de Hungría

La predicación de Urbano II puso en marcha en primer lugar a multitud de gente humilde, dirigida por el predicador Pedro de Amiens el Ermitaño y algunos caballeros franceses. Este grupo formó la llamada Cruzada popular, Cruzada de los pobres o Cruzada de Pedro el Ermitaño. De forma desorganizada se dirigieron hacia Oriente, provocando matanzas de judíos a su paso. En marzo de 1096 los ejércitos del rey Colomán de Hungría(sobrino del recientemente fallecido rey Ladislao I de Hungría) repelerían a los caballeros franceses de Valter Gauthier quienes entraron en territorio húngaro causando numerosos robos y matanzas en las cercanías de la ciudad de Zimony. Posteriormente entraría el ejército de Pedro de Amiens, el cual sería escoltado por las fuerzas húngaras de Colomán. Sin embargo, luego de que los cruzados de Amiens atacasen a los soldados escoltas y matasen a cerca de 4000 húngaros, los ejércitos del rey Colomán mantendrían una actitud hostil contra los cruzados que atravesaban el reino vía Bizancio.

A pesar del caos surgido, Colomán permitió la entrada a los ejércitos cruzados de Volkmar y Gottschalk, a quienes finalmente también tuvo que hacer frente y derrotar cerca de Nitra y Zimony, que al igual que los otros grupos causaron incalculables estragos y asesinatos. En el caso particular del sacerdote alemán Gottschalk, éste entró en suelo húngaro sin autorización del rey y estableció un campamento en las cercanías del asentamiento de Táplány. Al masacrar a la población local, Colomán, encolerizado, expulsó por la fuerza a los soldados germánicos invasores.

Después los húngaros detendrían a las fuerzas del conde Emiko (quien ya había asesinado en suelo alemán a unos cuatro mil judíos) cerca de la ciudad de Moson. Colomán de inmediato prohibió la estancia en Hungría de Emiko y se vio forzado a enfrentarse al asedio del conde germánico a la ciudad de Moson, donde se hallaba el rey húngaro. Las fuerzas de Colomán defendieron valientemente la ciudad y, rompiendo el sitio, lograron dispersar las fuerzas cruzadas del sitiador.

Al poco tiempo, el rey húngaro forzó a Godofredo de Bouillón a firmar un tratado en la Abadía de Pannonhalma, donde los cruzados se comprometían a pasar por el territorio húngaro con pacífico comportamiento. Tras esto, las fuerzas continuarían fuera del territorio húngaro escoltadas por los ejércitos de Colomán y se dirigirían hacia Constantinopla. A su llegada a Bizancio, el Basileus se apresuró a enviarlos al otro lado del Bósforo. Despreocupadamente se internaron en territorio turco, donde fueron aniquilados con facilidad.

La Cruzada de los Príncipes

Mucho más organizada fue la llamada Cruzada de los Príncipes (denominada habitualmente en la historiografía como la Primera Cruzada) cerca de agosto de 1096, formada por una serie de contingentes armados procedentes principalmente de Francia, Países Bajos y el reino normando de Sicilia. Estos grupos iban dirigidos por segundones de la nobleza, como Godofredo de Bouillón, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.

Durante su estancia en Constantinopla, estos jefes juraron devolver al Imperio Bizantino aquellos territorios perdidos frente a los turcos. Desde Bizancio se dirigieron hacia Siria atravesando el territorio selyúcida, donde consiguieron una serie de sorprendentes victorias. Ya en Siria, pusieron sitio a Antioquía, que conquistaron tras un asedio de siete meses. Sin embargo, no la devolvieron al Imperio Bizantino, sino que Bohemundo la retuvo para sí creando el Principado de Antioquía.
Con esta conquista finalizó la Primera Cruzada, y muchos cruzados retornaron a sus países. El resto se quedó para consolidar la posesión de los territorios recién conquistados. Junto al Reino de Jerusalén (dirigido inicialmente por Godofredo de Bouillón, que tomó el título de Defensor del Santo Sepulcro) y al principado de Antioquía, se crearon además los condados de Edesa (actual Urfa, en Turquía) y Trípoli (en el actual Líbano).

Tras estos éxitos iniciales se produjo una oleada de nuevos combatientes que formaron la llamada Cruzada de 1101. Sin embargo, esta expedición, dividida en tres grupos, fue derrotada por los turcos cuando intentaron atravesar Anatolia. Este desastre apagó los espíritus cruzados durante algunos años.

 

1134 El Curioso Testamento de Alfonso I “El Batallador”

El 7 de septiembre de 1134 moría Alfonso I el Batallador a causa de las heridas recibidas en combate. El gran caudillo aragonés había arrebatado Zaragoza a los almorávides y llegado con sus tropas a las puertas de Granada y Córdoba. Sitió Bayona y Valencia, entró a sangre y fuego en Galicia y combatió al clero castellano que le fue desleal. Después de tres décadas acero en mano, caía al fin herido tras un largo asalto a la fortaleza de Fraga, cuando armaba una flota fluvial para asediar el curso del Ebro. Su vida plena de batallas y victorias, devota de la cruz y la guerra, dejaba una última sorpresa en forma de extraño testamento que nadie supo ni quiso cumplir. El sobrio caballero cruzado dejó su reino en herencia a las órdenes militares del Santo Sepulcro, templarios y hospitalarios, que se batían en Tierra Santa contra el infiel.

 

Los nobles aragoneses reunidos en Jaca decidieron obviar el insólito testamento de su Rey y coronar a Ramiro II, hermano de Alfonso, que había llevado una notable carrera eclesiástica. Ramiro no parecía un candidato estable y el rey castellano Alfonso VII aprovechó para entrar en Zaragoza y presentar sus credenciales al trono vacante de su padrastro. En respuesta, Ramiro abandonó los hábitos y casó con una dama francesa, Inés de Poitiers, con quien tuvo una hija, Petronila, que garantizaba la sucesión de la corona. Quiso entonces Alfonso VII pactar con su tío el matrimonio de la heredera con su hijo Sancho y unir de nuevo las coronas de Castilla y Aragón, pero el buen Rey tomaba ya sus propias decisiones. Como el poder pontificio exigía el cumplimiento del testamento de Alfonso, Ramiro dio un giro a su política de alianzas y prometió a su pequeña, de apenas dos años, con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, caballero de la Orden del Temple. El joven conde cumplía el requisito exigido por su hermano al ser depositario de los derechos de la orden, pero además insuflaba sangre nueva al linaje aragonés. Salvado el reino de su hermano, Ramiro ingresó de nuevo en clausura. El fecundo enlace que había patrocinado sería protagonista de la expansión de Aragón por el Mediterráneo, y origen de reyes tan notables como Jaime I el Conquistador. Es de señalar que el primer hijo de Ramón y Petronila renunció al nombre habitual de su linaje para llamarse sólo Alfonso, adoptando en adelante la nominación típica aragonesa. El condado catalán aportó savia nueva, pero no lo hacía en nombre de su reducida región, sino del poderoso reino de Aragón.

 

 

 

 

Palacio Papal de Aviñón

Aviñón se convirtió en la residencia papal en 1309, cuando el gascón Bertrand de Goth, como papa Clemente V, no deseando enfrentarse al violento caos de Roma después de su elección (1305), trasladó la curia papal a Aviñón. Clemente vivió como invitado en el monasterio dominicano de Aviñón y su sucesor, el papa Juan XXII estableció allí un magnífico establecimiento, pero la reconstrucción del viejo palacio obispal fue empezado en serio por el papaBenedicto XII (1334-42) y continuó con sus sucesores hasta 1364. El lugar elegido fue un afloramiento rocoso natural en el borde norte de Aviñón, por encima del río Ródano, llamado Rocher des Doms. Allí estaba el viejo palacio episcopal de los obispos de Aviñón. La elección de este lugar permite a los autores dar altura al conjunto de manera que resulta más impresionante y puede verse desde muy lejos. Es visible desde la cumbre de los Alpilles (Bocas del Ródano). 

El Palacio se construyó en dos fases principales con dos segmentos distintivos, conocidos por el Palais Vieux (Palacio Antiguo) de Benedicto XII y Palais Neuf(Palacio Nuevo) de Clemente VI. El edificio fue enormemente caro, consumiendo gran parte de los ingresos papales durante su construcción. Lo decoraron lujosamente artistas de la época como Simone Martini y Matteo Giovanetti.

El Palais Vieux fue construido por el arquitecto Pierre Poisson de Mirepoix por encargo del papa Benedicto XII. El austero Benedicto hizo que se arrasara el anterior palacio episcopal y se reemplazara por un edificio mucho más grande, centrado en un claustro, muy fortificado para defenderse de los atacantes. Sus cuartro alas están flanqueadas por altas torres.

Con los papas Clemente VI, Inocencio VI y Urbano V, el edificio fue ampliándose para formar lo que hoy es conocido como el Palais Neuf. Clemente VI encargó a Jean de Louvres que construyera una nueva torre y edificios auxiliares, incluyendo una gran capilla de 52 metros de largo que servía de lugar de celebración de actos de culto papales. Otras dos torres se construyeron con Inocencio VI. Urbano V acabó el patio principal, conocido como la Court d’Honneur, con ulteriores edificios encerrándolo. El interior del edificio fue suntuosamente decorado con frescos, tapices, pinturas, esculturas y techumbres demadera.

Los papas dejaron Aviñón en 1377, regresando a Roma, pero esto provocó el cisma papal época en la que los antipapasClemente VII y Benedicto XIII hicieron de Aviñón su sede hasta 1408. El último fue aprisionado en el Palacio durante diez años después de ser asediado dentro en 1398. El edificio permaneció en las manos de fuerzas antipapales durante algunos años. Fue asediado desde 1410 hasta 1411, pero se devolvió a la autoridad de los legados papales en 1433.

Aunque el Palacio permaneció bajo control papal, junto con la ciudad y el Comtat Venaissin durante 350 años más, gradualmente se fue deteriorando a pesar de su restauración de 1516. Cuando estalló la Revolución francesa en 1789 ya estaba en mal estado cuando fue tomado y saqueado por las fuerzas revolucionarias. En 1791 fue el escenario de una matanza de contrarevolucionarios, cuyos cuerpos se arrojaron desde a la Tour des Latrines en el Palais Vieux.

El palacio fue posteriormente tomado por el estado francés napoleónico para usarlo como barracas militares y prisión. Aunque fue dañada por la ocupación militar, especialmente bajo la anticlerical III República, cuando el resto de trabajos de madera interior fue eliminado para usarlo en la estructura como establos, los frescos se cubrieron y se destruyeron en gran medida, pero irónicamente, esto aseguró la que la estructura del edificio sobreviviera. Sólo se vació en 1906, cuando se convirtió en un museo nacional. Desde entonces ha estado en una restauración prácticamente constante.

Pedro I de Aragón y Navarra

Pedro I era hijo de Sancho Ramírez e Isabel de Urgel. Su padre Sancho Ramírez decidió confiarle, siendo aún príncipe, Ribagorza y Sobrarbe3 a título de rey,4 bajo su suprema autoridad. Era una fórmula que ya utilizabaSancho el Mayor, que concedía en vida títulos de regulus a sus hijos para que rigieran como tenencias parte de sus dominios regios. No se conservan documentos del nombramiento ni se conoce el día exacto del inicio de su gobierno sobre estas tierras, pero ya figura como tal a partir de junio de 1085.5 Desde 1089 su padre le cedió el dominio en tenencia del curso medio del Cinca, a título de «rey de Monzón», tieras fronterizas muy expuestas a los ataques musulmanes de la taifa de Lérida. Seguía así Sancho Ramírez la costumbre navarro-aragonesa de delegar tierras gobernadas con títulos reales entre los infantes para colaborar en las tareas de gobierno y comenzar a ejercer responsabilidades regias.

Entre los años 1093 y 1103 Aragón, aliado del Cid en el Levante, dominó las plazas de Culla, Oropesa, Miravet,Montornés y Castellón de la Plana. Lo confirman no solo las crónicas, sino también la Historia Roderici y los diplomas suscritos por los tenentes de estas fortalezas.6 7 Se conserva un documento de julio de 1100 de Pedro I de Aragón, donde se titula rey de Aragón, Pamplona, Sobrarbe, Ribagorza, Culla, Oropesa y Castellón. En ella concede a «mio cid Muño Muñoz» el castillo de Azafaz, la villa de Ova y se mencionan los tenentes levantinos: Ortí Ortiz, que tiene la honor sobre Monroig, Culla y Oropesa; y el citado Muño Muñoz, que se encarga de la tenencia de Castellón, Monroig sobre Montornés y Azafaz.8

El 4 de junio de 1094 heredó el trono de Aragón y de Pamplona. El reinado de Pedro I significó la expansión del territorio aragonés en sus tramos central y oriental, llegando hasta la Sierra de Alcubierre y los Monegros.

Conquistó Huesca en (1096), después de derrotar a Al-Musta’in II de Zaragoza en la batalla del Alcoraz. Combatió al lado del Cid en la batalla de Bairén (1097) derrotando a los almorávides, que habían acudido con un importante ejército mandado por Muhammad ibn Tasufin con objeto de recuperar para el islam Valencia, que había sido conquistada por el Campeador.

Más tarde tomó Barbastro (1101), Sariñena e intentó tomar Zaragoza. Sitió Tamarite de Litera(1104) y reglamentó el fuero de los infanzones. Consolidó la supremacía militar de las tropas cristianas sobre las musulmanas, muriendo, según Iglesias Costa, lo más probablemente entre el 27 y el 30 de septiembre de 1104, en el Valle de Arán,9 si bien Ubieto Arteta no precisa el día y la sitúa en el mes de septiembre de 1104.10

Nupcias y descendencia

Se casó en primeras nupcias con Inés de Aquitania, en Jaca, en 1086, de la que tuvo dos hijos que murieron antes que el padre:

Sancho VII el “Fuerte” de Navarra

 

Sancho VII el Fuerte fue rey de Navarra entre 1194 y 1234, año en que murió en el castillo de Tudela, Navarra. Era hijo y sucesor de Sancho VI «el Sabio», de la dinastía Jimena y hermano de Berenguela de Navarra, mujer de Ricardo Corazón de León.

 

Referente a su nacimiento, se ha querido localizarlo en Tudela fundándose en que sus padres residían frecuentemente en esta ciudad, pero no existe ningún dato que avale esta creencia, por más que sea razonable no se halla ninguna base que lo acredite. Sí que es cierto que Tudela la eligió como continua residencia y que acabó su vida encerrado en su castillo.

Sancho se casó con Constanza de Tolosa, hija de Ramón VI, conde de Tolosa, y según Luis del Campo (que aparte de forense, es un biógrafo de este rey), el matrimonio pudo celebrarse sobre el año 1195. Este matrimonio fracasó y Constanza fue repudiada. No hay constancia fehaciente de un segundo matrimonio con Clemencia,2 hija del emperador Federico I Barbarroja, ninguna de las dos mujeres le dio hijos, pero sí tuvo varios hijos bastardos en los que continuaría la estirpe real de Navarra entre nobles navarros y aragoneses.

Continuó con las relaciones que su padre había establecido con Castilla y, sobre todo, con Aragón.

En 1196 se realizó una entrevista auspiciada por la Santa Sede en donde se encontraban los tres reinos de Castilla, Aragón y Navarra, en un punto entre Agreda y Tarazona, para intentar unir a los reinos cristianos.3

 

El Reino de Navarra en la época de Sancho VII el Fuerte:4     Reino de Navarra     Territorio perdido ante Castilla (1198–1200)     Territorios conseguidos mediante vasallaje (1196–1203)     Reino de Castilla     Reino de Aragón

Alfonso VIII invadió Álava, con un largo asedio a Vitoria, Guipúzcoa y el Duranguesado en 1199. Sancho VII acudió a negociar con los almohades para que atacaran a Castilla y con un segundo frente tuvieran que levantar el asedio, sin lograrlo. Tras la importante pérdida territorial del reino de Navarra, años después firmaría con Castilla una tregua por cinco años el 29 de octubre de 1207 en Guadalajara, en la que Navarra no reconocía la pérdida de los territorios vascongados. Sin embargo, el tiempo fue consolidando las posiciones castellanas.3

Desde entonces sus relaciones fueron tensas con Alfonso VIII, aunque de buena gana colaboró con él en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), donde obtuvo prestigio y mejoró en su posición respecto a los otros reyes cristianos, con la recuperación de algunas plazas.3 En esta batalla, las tropas de Sancho el Fuerte llegaron hasta la tienda de Muhammad An-Nasir conocido por el sobrenombre de Miramamolín, califa almohade, cortando las cadenas que la protegían. Se dice que en recuerdo de esta gesta, el rey Sancho hizo sustituir el antiguo escudo del reino navarro (de gules con águila de sable), el arrano beltza por el actual escudo (de gules con cadenas de oro). Se ha demostrado la falsedad de dicha afirmación, por encontrarse el escudo con algo parecido a las famosas cadenas en fecha anterior a esa batalla. Así, según Tomás Urzainki se pueden apreciar en la iglesia de San Miguel de Estella (1160), en un relieve de la catedral de Chartres (1164) y en miniaturas de la Biblia de Pamplona (1189).

Fueron mejores sus relaciones con los territorios ultrapirenaicos, donde varios señores se declararon sus vasallos, e incluso firmó un tratado en favor de Juan Sin Tierra (1202), y con los reyes aragoneses Pedro II y Jaime I.

Sancho VII y Jaime I firmaron en Tudela (1231) un tratado de prohijamiento (que no llegó a cumplirse), por el que acordaban que aquél de los dos que sobreviviese al otro, ocuparía el reino sin obstáculos.

A la muerte sin descendencia de Sancho VII, subió al trono en Tudela el 7 de abril de 1234 su sobrino Teobaldo, con lo que comenzó a reinar en Navarra la dinastía de Champaña. Esto supuso el fin de la dinastía Jimena.

La enfermedad que acabó con la vida de este monarca, fue una úlcera varicosa de la pierna, según su biógrafo.

A causa de esta larga y dolorosa enfermedad, Sancho estuvo recluido en su castillo de Tudela, por ello el sobrenombre de Sancho «el Encerrado».

Tuvo un hijo, según la llamada Crónica del Príncipe de Viana, que a los 15 años sufrió un accidente mortal, consecuencia de una caída de caballo, Sancho se quedó sin hijo legítimo que le sucediese y Navarra sin futuro rey. A pesar de tener varios hijos ilegítimos, su hermana, que le representaba oficialmente llevando una cierta regencia durante su enfermedad, retirado en el fortín de Tudela, llamó a su sobrino Teobaldo de Champaña para heredarle y mantener el poder real en la familia.

El viernes 7 de abril de 1234 falleció Sancho en su castillo tudelano, recibiendo sepultura en la parroquia de San Nicolás; años después sus restos fueron trasladados a la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles.

 

EL ARRESTO

El arresto

Considerando inaceptable la presión política ejercida por los templarios, y deseoso de apoderarse de sus riquezas, como se había apoderado ya de las de los judíos franceses en 1306, el rey no dudó en destrozar una orden de caballería que contaba con doscientos años de antigüedad, fundándose en «presunciones e intensas sospechas».

Guillermo de Nogaret fue encargado de dirigir la investigación. El día 14 de octubre, el rey hizo difundir desde París un manifiesto en el que explicaba que los templarios detenidos eran culpables de idolatría, de apostasía, de prácticas sexuales vergonzosas y de ritos abominables.

El monarca tampoco dudó en utilizar a hermanos predicadores para convencer a la población parisina de lo bien fundado de dichas acusaciones, ni en escribir varias cartas para conseguir que los gobiernas extranjeros detuviesen a tos templarios en sus propios Estados. A pesar de ser yerno de Felipe el Hermoso, el rey de Inglaterra, Eduardo II, se apresuré a poner en guardia a varios soberanos a propósito de las calumnias propagadas por el rey de Francia. A partir del 19 de octubre, y hasta el 24 de noviembre de 1307, el inquisidor Guillermo de París interrogó a 138 templarios en la sala capitular del Temple de Paris, muriendo 36 de ellos como consecuencia de las torturas que les fueron infligidas.

La Actitud del PAPA

El papa Clemente V protestó débilmente contra estos suplicios en una carta del 27 de octubre de 1307, y el día 22 de noviembre ordenó a todos los príncipes cristianos la detención de los templarios que habitasen en sus territorios. En febrero de 1308, cuando iban a ser puestos a disposición del poder pontificio (pues Clemente V reclamaba también sus bienes,, los templarios franceses revocaron las confesiones hechas con anterioridad. En marzo de ese mismo año, Felipe el Hermoso convocó los Estados Generales en Tours, donde reiteré su condena. En mayo, el papa se entrevisté con el rey de Francia, que no se mostraba dispuesto a ceder la fortuna del Temple. Presionado por el rey para que juzgase a la orden con la mayor severidad, Clemente y fue cediendo. Repuso en sus cargos a los inquisidores a los que había depuesto, e instituyó comisiones eclesiásticas, la primera de las cuales abrió sus sesiones en París, en agosto de 1309.

La pira Después del juicio del maestre de la orden, Jacques de Molay, los templarios intentaron organizar su defensa. El rey reaccionó. El 12 de mayo de 1310, algunos templarios fueron quemados cerca de la puerta de Saint-Antoine. Durante el concilio de Viena, el 22 de marzo de 1312, y cediendo a las presiones de Felipe el Hermoso, Clemente V hizo aprobar la supresión de la orden, cuyos bienes fueron entregados a la del Hospital. Y el siniestro proceso alcanzó su punto culminante el  día 18 de marzo de 1314.